Geolodía Burgos 2016. El Bueno, el Feo y el Feo. La geología tras las escenas

El Geolodía

El Geolodía, es una iniciativa de la Sociedad Geológica de España para divulgar la geología en la sociedad.

Te invitamos a pasar un día en el Diapositiva 1campo aprendiendo geología y descubriendo que hay tras las escenas de la película El Bueno, el Feo y el Malo.

Este año el Geolodía de Burgos está coordinado por los Dres. Pedro Huerta (Univ. de Salamanca; CAS) y  Fidel Torcida Fernández-Baldor (Museo de Dinosaurios de Salas y CAS). El Colectivo Arqueológico y Paleontológico Salense (CAS) y la Asociación Cultural Sadhill, se encargan de la organización, junto con la recientemente creada asociación AECOPANA (Asociación para el Estudio, Conservación y Comunicación del Patrimonio Natural y Cultural)

En 2016 se cumplen los 50 años del rodaje de la película, El Bueno, el Feo y el Malo. Buena parte de esta película se rodó en el sureste burgalés debido a la similitud entre estos paisajes y los de Arizona y Nuevo Méjico.

En la pestaña de la Guía de Campo ya hemos colgado el archivo de la salida en la versión imprimible y otra sin márgenes para teléfonos y tablets.

¡Te esperamos! No olvides inscribirte en Formulario de Inscripción

Seguiremos informando en este blog.

¡Nuevo!

Desde la Sociedad Geológica de España, animan a los asistentes a las excursiones del #Geolodía16 de este fin de semana (7-8 de Mayo) a difundir y participar en el II Concurso de fotografía #Geolodía16. Las fotos se presentaran a través de Twitter.

Bases del concurso: II ConcursofotografíaGeolodía16

Noticia en el Correo de Burgos

Unas cuantas fotos del Geolodía 2016 de Burgos:

¡Nuevas fotos!

Fotos del Geolodía 2016

SadHillSanCarlosCarazo

2 pensamientos en “Geolodía Burgos 2016. El Bueno, el Feo y el Feo. La geología tras las escenas

  1. Uy, defender nuestro idioma está bien pero defender los derechos y la visibilidad de la mitad de sus hablantes está aún mejor. Además no es incompatible. ¿Queremos defender el idioma? Pues vamos allá.

    Como digo, la visibilización de la mitad de la población es infinitamente más importante que cualquier economía del lenguaje, que es parece el problema aquí porque, gramaticalmente, es perfectamente correcto. Es curioso, el castellano está repleto de perífrasis y locuciones que son cualquier cosa menos económicas para la lengua y, sin embargo, la RAE está orgullosísima de ellas. ¿Por qué será que la economía importa para unas cosas más que para otras? Argumentar eso a estas alturas con el diccionario en la mano es, cuando menos, cándido, por no decir algo menos amable a cuantos machirulos deambulan por la literatura, la prensa o las cátedras. Os invito a que echéis un vistazo a este artículo, sin más, por eso de contrastar: ‪http://docemiradas.net/ocho-resistencias-al-lenguaje…/ Además, la RAE es cualquier cosa menos infalible; y si ha quitado la tilde al adverbio “solo” y a los pronombres demostrativos, es que puede hacer cualquier cosa. ¡Por dios por dios!, ¡a dónde vamos a llegar!

    ¿Pensamos en cuantas cosas parecían ridículas, forzadas, incorrectas e incluso pecaminosas hace tan solo unos pocos años y ahora están tan normalizadas que nos parecería extraño que fueran de otra manera? Por poner un ejemplo tan solo (sin tilde) en Suiza era ridículo y forzado pretender que la mujer votara y, de hecho, el sufragio femenino les llego en ¡tachan!: ¡1971!, y en Liechtenstein ¡tachan, tachan!, ¡en 1984! Y no preguntemos a los saudíes lo que les parece el particular…

    Son muchas cosas pretendidamente “incorrectas” las que han permitido que hoy las mujeres puedan gozar de una situación que, aún distando mucho de ser perfecta, se diferencia cualitativamente tanto de situaciones opresivas del pasado como del presente en muchos lugares del planeta. Quizás haya mujeres que con un genérico masculino se sientan incluidas pero lo cierto es que no es así, el imaginario del genérico masculino ha sido y es… masculino, y dado que el lenguaje genera pensamiento, hay que tener mucho cuidado con defender determinadas supuestas correcciones. Lo verdaderamente objetivo es que no incluir es, simplemente, no incluir, es decir, olvido y extrañamiento, por más que presupongamos lo que queramos presuponer. Sí, el lenguaje genera pensamiento, y un lenguaje no inclusivo genera un pensamiento excluyente, y el conjunto de pensamientos excluyentes genera una sociedad también excluyente, lo cual es bastante peligroso.

    Nada había nada más ridículo no hace tanto tiempo como pensar que las mujeres eran seres humanos capaces de guiarse por algo más que la pasión. Y no hay más que echar mano a la historia reciente, no hace falta irse al siglo XII. Hace muy poquito, viajando por esos mundos, charlaba con unos paisanos a los que simplemente les parecía ridículo pensar que los y las homosexuales fueran personas normales, para ellos no solo estaban taradas, sino que era ridículo siquiera admitir que en su comunidad hubiera, de hecho no existían, no se les nombraba, como a las mujeres en el genérico, no se las nombra.

    Por otro lado, la lengua es cambiante, y los cambios no los dicta la RAE, que se ve obligada por el empeño de sus hablantes a tragar con cosas que jamás hubiera soñado. No sé a cuántos suecos y a cuántas suecas les habrá parecido ridículo el pronombre personal neutro “hen” que desde el año pasado acompaña a “han” y a “hon”, o sea, él y ella, pero ha sido introducido en el SAOL (equivalente, digámoslo así, a la RAE) por motivos de equidad y resulta, ¡oh sorpresa!, se usa, sobre entre la juventud. ¿No os parece ridículo e incorrecto decir madalena o almóndiga?, ¿y moniato, bluyín, arremangar, dotor o, ¡válganme Lázaro Carreter y Julio Casares juntos!, ¡asín!? Sí, sí, como lo oís, ¡ASÍN! Bueno, pues todo ello ha sido aceptado por la RAE en fecha muy reciente. Como tetamen, pechamen, culamen, muslamen, descambiar, paellera o toballa; ¿tenéis alguna duda de que no a mucho tardar tendremos sabrosas cocretas?, ¿o un “manda huevos” en lugar del correcto “manda uebos”?, porque la expresión viene de “opus” (cosa necesaria) y no de “ovum”, o sea huevos, sinónimo de testículos, o sea, cojones, que es de donde todo el mundo piensa que deriva.

    A nadie le ha parecido escandaloso que los hacedores de modas tejidas se denominen “modistos”, para diferenciarse, claro de las modistas, mujeres que cosen, ya que ellos son más cosa y más importantes; pero aún recuerdo el escándalo que para muchos biempensantes suponía decir “médica” o “abogada” o “mecánica” o “política”, cuando no existe ninguna razón lingüística que lo impida más allá de lo consuetudinario, pero es que esto pesa mucho, demasiado. ¿Y “enfermero”?, ¿o “azafato”?, ¿a quién se le caen los anillos por decir azafato? Mira tú que la palabra no viene originalmente de “azafata”, sino de “azafate”, o sea, el “safat” árabe de allá por los siglos musulmanes peninsulares, y que no era otra cosa que la bandeja en que las señoras dejaban sus joyas y llevaban y traían sus sirvientas a las que, por extensión, se les llamó azafatas, como la bandeja. La palabreja estaba casi olvidada pero hete aquí que en los cincuenta el arcaísmo se recuperó para que las aeromozas (como se las llama en algunos países latinoamericanos) tuvieran nombre. Y como pronto se incorporaron hombres a la tarea, de azafata a azafato no se tardo nada. ¿Y por qué no?

    ¿Os imagináis hablar de la “mujer parturiente”?, pues es como se decía antaño, muy antaño, hasta que alguien con dos dedos de frente dijo que no, que parturienta, que queda más propio, por más que a más de uno e incluso de una les pareciera ridículo. En fin, que ejemplos no faltan en una lengua rica y flexible como el castellano pero, a la vez, profundamente machista en su uso (igual que todas, dicho sea de paso). Como persona que se dedica a la comunicación y a visibilizar realidades, no puedo obviar el hecho de que lo que no se nombra no existe, ”izena duenak izana du” decimos en euskara, “solo existe lo que se nombra”. Por eso creo que es importante nombrar, hasta caer en la redundancia si es preciso. Y frente a eso, sinceramente, en la disyuntiva entre parecer ridículo a los ojos de quien sea y trabajar por un lenguaje inclusivo que genere pensamiento inclusivo y que modele personas que miren y vean y asuman la pluralidad, la diversidad y la reconozcan con naturalidad y la valoren… opto por lo segundo. Tengo otras cosas por las que escandalizarme.

    Creo es que no intentar usar lenguaje inclusivo y no machista es, en buena medida, pereza mental, o sea, currárselo poco y optar cómodamente por lo de siempre. Y ese es el peor estrago que podemos hacer a cualquier lengua. Así que, amigas y amigos, yo seguiré diciendo geólogas y geólogos. Y por cierto, una idea fantástica vincular geología y cine.

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